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  • Juan Manuel Tavella

3. Condiciones para el camino

Updated: Apr 20



Cuando hayamos pasado más allá de los saberes, tendremos conocimiento. La razón fue la ayuda; la razón es el obstáculo.

Cuando hayamos pasado más allá de los deseos, tendremos poder. El esfuerzo fue el ayudante; el esfuerzo es el obstáculo. Cuando hayamos pasado más allá de los placeres, tendremos Dicha. El deseo era el ayudante; el deseo es el obstáculo. Cuando hayamos pasado más allá de la individualidad, entonces seremos Personas reales. El ego fue la ayuda; el ego es el obstáculo. Cuando hayamos pasado más allá de la humanidad, entonces seremos el Ser Humano. El animal era el ayudante; el animal es el obstáculo. Transforma la razón en intuición ordenada; que todo en tí sea luz. Este es tu objetivo. Transforma el esfuerzo en un desbordamiento tranquilo y soberano de la fuerza del alma; que todo en tí sea fuerza consciente. Este es tu objetivo. Transforma el disfrute en un éxtasis uniforme y sin objeto; que todo en ti sea Dicha. Este es tu objetivo. Transforma al individuo dividido en la personalidad del mundo; que todo en tí sea lo Divino. Este es tu objetivo. Transforma al animal en el conductor de los rebaños; que todo en tí sea Krishna. Este es tu objetivo.




"Lo más importante para la purificación del corazón es una sinceridad absoluta. No engañarse a sí mismo, no esconderle nada a la Divinidad ni a uno mismo ni al Gurú, mirar de frente los movimientos propios, tener una firme voluntad de rectificarlos. El tiempo que eso exija, importa poco; hay que estar dispuesto a hacer de la búsqueda de la Divinidad la tarea de la propia vida. Después de todo, purificar el corazón es una realización bastante considerable y de nada sirve dejarse llevar al abatimiento, desesperarse, etc., porque uno encuentra en sí mismo cosas que tienen que cambiar. Si conservamos la verdadera actitud y la voluntad verdadera, las intuiciones o las indicaciones internas comenzarán a aumentar, a tornarse claras, precisas, seguras, y la fuerza para seguirlas también crecerá. Y entonces, antes incluso de que os sintáis contentos de vosotros mismos, el Divino estará contento de vosotros y comenzará a retirar el velo con el que se protege y con el que protege a los que le buscan, de una posesión prematura y peligrosa de la cosa más grande a la que pueda aspirar la humanidad.”


Sri Aurobindo - Cartas



En las profundidades de vuestra consciencia, el ser psíquico, que es el habitáculo en vosotros del Divino, es el centro alrededor del cual debe hacerse la unificación de todas esas partes divergentes y de todos estos movimientos contradictorios de vuestro ser. Una vez que vosotros os habéis vuelto conscientes del ser psíquico y de sus aspiraciones, todas las dificultades y todas las dudas pueden ser destruidas. Eso lleva más o menos tiempo, pero estad seguros del éxito final. Desde el momento en que vosotros os volvéis hacia el Divino, diciéndole: «Yo quiero ser tuyo», y que el Divino os acepta, el mundo entero no puede impedir que os unáis a Él. Cuando el ser central ha hecho su sumisión, la dificultad principal ha desaparecido. El ser exterior es como una corteza. En las gentes ordinarias, la corteza es tan dura y tan espesa que no son en absoluto conscientes del Divino en su interior. Pero si, incluso por un momento, el ser interior se despertara y dijera: «Estoy aquí y yo te pertenezco», es como si se construyera un puente, y poco a poco la corteza se adelgaza hasta que las dos partes están completamente juntas y el ser interno y externo no sean más que uno.


La Madre



Conocimiento de uno mismo


Una vida sin propósito es siempre una vida miserable. Todos ustedes deberían tener un propósito. Pero no olvides que de la calidad de tu propósito dependerá la calidad de tu vida. Tu propósito debería ser elevado y amplio, generoso y desinteresado; esto hará tu vida valiosa para tí y para los demás. Pero cualquiera sea tu idea, no puede ser realizada perfectamente a menos que hayas realizado esa perfección en tí mismo. Para trabajar en tu perfeccionamiento, el primer paso es volverte consciente de tí, de las diferentes partes de tu ser y sus respectivas actividades. Debes aprender a distinguir estas diferentes partes, una de otra, para que puedas volverte claramente consciente del origen de los movimientos que ocurren en tí, los muchos impulsos, reacciones y voluntades en conflicto que te impulsan a la acción. Es un estudio asiduo que exige mucha perseverancia y sinceridad. Pues la naturaleza humana, especialmente su naturaleza mental, tiene una tendencia espontánea a dar explicaciones favorables a todo lo que piensa, siente, dice y hace. Es solamente observando estos movimientos con gran cuidado, llevándolos como si fuese ante el tribunal de nuestro ideal más alto, con voluntad sincera de someterse a su juicio, que podemos esperar formar en nosotros un discernimiento sin error. Porque si verdaderamente queremos progresar y adquirir la capacidad de saber la verdad de nuestro ser, es decir, aquello para lo que cual fuimos realmente creados, lo que podemos llamar nuestra misión en la Tierra, entonces debemos rechazar o eliminar en nosotros de una forma regular y constante lo que sea que contradiga la verdad de nuestra existencia, lo que sea que se oponga a ella.


Este trabajo de unificación requiere mucho tiempo para ser llevado a algún grado de perfección. Por eso, para poder cumplirlo, debemos armarnos con paciencia y perseverancia, con una determinación de prolongar nuestra vida tanto como sea necesario para el éxito de nuestra tarea. Mientras persigas esta labor de purificación y unificación, debes al mismo tiempo ocuparte de perfeccionar la parte externa e instrumental de tu ser. Cuando la verdad superior se manifiesta debe encontrar en tí una mente que es lo suficientemente flexible y fértil para darle a esa idea que busca expresarse, una forma de pensamiento que preserve su fuerza y claridad. Este pensamiento, de nuevo, cuando busca vestirse en palabras, debe encontrar en tí un poder de expresión suficiente, de manera que las palabras puedan revelar el pensamiento y no deformarlo. Y la fórmula en la que expreses la verdad, debería estar manifiesta en todos tus sentimientos, todos los actos de tu voluntad, todas tus acciones, en todos los movimientos de tu ser. Finalmente, esos movimientos mismos deberían, mediante un constante esfuerzo, obtener su más alta perfección.


Todo esto puede ser realizado por medio de una cuádruple disciplina, de la cual aquí se da un bosquejo general. Los cuatro aspectos de la disciplina no se excluyen uno a otro, y pueden ser seguidos al mismo tiempo; de hecho, es preferible.

El punto de partida es lo que podría llamarse disciplina psíquica. Damos el nombre de “ser psíquico” al centro psicológico de nuestro ser, el asiento en nosotros de la verdad más elevada de nuestra existencia, aquello que puede conocer esta verdad y ponerla en movimiento. Es, por lo tanto, de capital importancia volverse consciente de su presencia en nosotros, concentrarse en esta presencia hasta que se vuelve un factor viviente para nosotros y podemos identificarnos con ello.


(La Madre)



En una de las publicaciones que realizó Sri Aurobindo, llamada el ARYA, y en la que escribió -en forma de columnas mensuales- sus principales obras que hoy podemos leer como libros, encontramos este texto que resume el propósito de estos escritos:

“Nuestra idea era elaborar una filosofía sintética que pudiese ser una contribución al pensamiento de la nueva era que está sobre nosotros. Comenzamos desde la idea de que la humanidad se está moviendo a un gran cambio en su vida que incluso llevará a una nueva vida de la especie, -en todos los países donde las personas piensan, se encuentra en distintas formas esa idea y esa esperanza,- y nuestro objetivo ha sido buscar la verdad espiritual, religiosa y otras verdades que puedan iluminar y guiar a la especie en este movimiento y esta tarea. La experiencia espiritual y las verdades generales sobre las que tal intento podrían basarse, estaban ya presentes en nosotros, de otro modo no habríamos tenido derecho a realizar la tarea, en absoluto…

Esta verdad tenía que ser elaborada primero que nada desde el punto de vista metafísico; pues en filosofía, la verdad metafísica es el núcleo de lo demás, es el establecimiento de las verdades últimas y las más generales sobre las que todas las demás dependen o alrededor de las cuales se juntan. Por lo tanto, le dimos el primer lugar a ´La vida Divina´. Allí empezamos desde la posición Vedántica, sus ideas del Ser, la mente y la vida, y de SatChitAnanda y el mundo, del Conocimiento y la Ignorancia, del renacimiento y del Espíritu. Pero se supone popularmente que el Vedanta es una negación de la vida, y esto es sin duda una de las tendencias dominantes que ha tomado. Aunque comienza de la verdad original de que todo es Brahman, el Ser, ha insistido finalmente en que el mundo es simplemente no-Brahman, no-Ser; ha terminado en una paradoja. Hemos intentado, por el contrario, establecer desde su información un Advaita comprehensivo. Hemos mostrado que la mente y la vida y la materia son derivaciones del Ser a través de una mente espiritual o supermente que es el verdadero soporte de la existencia cósmica y desarrollando la mente hasta allí es que el ser humano puede alcanzar la verdad real del espíritu en el mundo y la verdad real y más elevada ley de vida. El Ser es SatChitAnanda y no hay ninguna antinomia irremediable entre eso y el mundo; sólo que vemos el mundo a través de los ojos de la Ignorancia y debemos verlo a través de los ojos del Conocimiento. Nuestra ignorancia misma es sólo conocimiento desarrollándose a partir de su involución en la aparente ignorancia de la Materia y en su camino de regreso a su integralidad consciente. Lograr ese retorno y manifestar la vida espiritual en la existencia humana es la oportunidad dada a través de la sucesión de renacimientos. Aceptamos la verdad de la evolución, no tanto en la forma física que se le da en occidente sino en su verdad filosófica, la involución de la vida, mente y espíritu aquí en la materia y su progresiva manifestación. En la cúspide de esta evolución está la vida espiritual, la vida divina.


Era necesario mostrar que estas verdades no eran inconsistentes con la vieja verdad Vedántica, por eso incluímos explicaciones desde este punto de vista del Veda, dos de los Upanishads y el Gita. Pero el Veda ha sido oscurecido por los ritualistas y los eruditos. Por lo tanto, mostramos en una serie de artículos, inicialmente sólo hasta ahora, la manera de escribir de los místicos Védicos, su sistema de símbolos y las verdades que representan. Entre los Upanishads tomamos el Isa y el Kena; para completar, debimos agregar el Taittiriya, pero es largo y no había espacio para ello. El Gita, lo tratamos como una poderosa aplicación de la verdad del espíritu a la mayor y más difícil parte de nuestra vida, la acción, y un camino por el que la acción puede conducirnos al nacimiento en el Espíritu y puede armonizarse con la vida espiritual. La verdad en la filosofía es de un valor meramente teórico, salvo que pueda ser vivida, y hemos intentado, por eso, en la ´Síntesis del Yoga´, arribar a una mirada sintética de los principios y métodos de las varias líneas de autodisciplina espiritual y la forma en la que pueden conducir a una vida divina integral en la existencia humana. Pero esto es un auto-desarrollo individual, y entonces era necesario mostrar también cómo nuestro ideal puede funcionar en la vida social de la humanidad. En la ´Psicología del desarrollo social´ hemos indicado cómo estas verdades afectan la evolución de la sociedad humana, En ‘El ideal de la Unidad Humana’ tomamos la dirección actual de la humanidad hacia una unificación más cercana y tratamos de apreciar sus tendencias y mostrar qué se quiere de ellas para que una verdadera unidad humana pueda lograrse. Nuestro plan nos ha empujado a tratar, principalmente, con los primeros principios y desarrollarlos en su totalidad.”




LA MADRE (libro de Sri Aurobindo)

(Capítulo I, II y III)


I


Sólo hay dos poderes que pueden, en conjunto, efectuar ese grandioso y difícil objetivo de nuestros esfuerzos: una aspiración constante e inquebrantable que clama desde abajo y una Gracia suprema que responde desde arriba. Pero la Gracia suprema sólo actuará en las condiciones de Luz y Verdad, no en condiciones impuestas por la Falsedad y la Ignorancia. Pues si respondiese a las demandas de la Falsedad, traicionaría su propio propósito.

Estas son las condiciones de la Luz y la Verdad, las únicas bajo las cuales la Fuerza más alta podrá descender; y es sólo la más elevada Fuerza supramental descendiendo y abriéndose paso desde abajo la que puede manejar la Naturaleza física y eliminar sus dificultades... Debe haber una entrega total y sincera; debe haber una auto-apertura exclusiva al Poder divino; debe haber una elección constante e integral por la Verdad que desciende, un rechazo constante y completo de la falsedad de los Poderes y Apariencias mentales, vitales y físicas que todavía rigen la Naturaleza terrestre.


La entrega debe ser total y abarcar todas las partes del ser. No es suficiente que el ser psíquico responda y que la mente superior acepte o incluso que el vital interno se someta y la conciencia física interior perciba la influencia. No tiene que haber parte del ser, ni siquiera en lo más externo, que tenga reservas, nada que albergue dudas, confusión y subterfugios, nada que se rebele o se resista.

Si parte del ser se entrega, pero otra parte se reserva, sigue su propio camino o pone sus propias condiciones, entonces cada vez que eso sucede, estás alejando de tí a la Gracia divina.

Si detrás de tu devoción y entrega encubres tus deseos, demandas egoístas y exigencias vitales, si pones estas cosas en el lugar de la verdadera aspiración o las mezclas y tratas de imponerlas a la Divina Shakti, entonces es en vano invocar a la Gracia divina para que te transforme.

Si te abres por un lado, o parcialmente, a la Verdad, y por otra parte estás constantemente abriendo la puerta a las fuerzas hostiles, es en vano esperar que la Gracia divina permanezca contigo. Debes mantener el templo limpio si deseas instalar en él la Presencia viviente.

Si cada vez que el Poder interviene trayendo la Verdad, tú le das la espalda y llamas nuevamente a la falsedad que ha expulsado, no debes culpar a la Gracia divina por fallarte, sino a la insinceridad de tu propia voluntad y a la imperfección de tu entrega.

Si invocas a la verdad pero aún algo en tí elige lo que es falso, ignorante y no divino o que simplemente no desea renunciar a todo eso, siempre estarás vulnerable a ataques y la Gracia se alejará de tí. Primero percibe aquello que es falso u oscuro en tí y recházalo persistentemente, sólo entonces puedes legítimamente llamar al Poder divino para que te transforme.


No creas que la verdad y la falsedad, la luz y la oscuridad, la entrega y el egoísmo pueden habitar juntos la morada consagrada a la Divinidad. La transformación debe ser integral, y por lo tanto, también debe ser integral el rechazo a todo lo que se resiste a ella.

Rechaza la falsa noción de que el Poder divino hará -y está obligado a hacer- todo por tí, de acuerdo a tus demandas, incluso cuando no satisfaces las condiciones establecidas por el Supremo. Haz tu entrega verdadera y completa, sólo entonces todo lo demás será hecho para tí.

Rechaza también la falsa e indolente expectativa de que el Poder divino efectuará incluso la entrega por tí. El Supremo pide tu entrega, pero no la impone: eres libre a cada momento, hasta que llegue la irrevocable transformación, de negar y rechazar a la Divinidad o revocar tu entrega, si estás dispuesto a sufrir las consecuencias espirituales. Tu entrega debe ser libremente elegida; debe ser la entrega de un ser viviente no de un autómata inerte o una herramienta mecánica.

Se confunde constantemente la entrega con una pasividad inerte, pero de ello no puede resultar nada poderoso y verdadero. Es la pasividad inerte de la Naturaleza física lo que la deja a merced de las influencias oscuras y anti-divinas. Una sumisión alegre, fuerte y servicial es lo que se necesita para el trabajo de la Fuerza Divina, la obediencia del discípulo iluminado de la Verdad, del Guerrero interior que lucha contra la oscuridad y la falsedad, del sirviente fiel de la Divinidad.

Esta es la verdadera actitud, y sólo aquellos que pueden sostenerla, preservando una fe que no se perturba por desilusiones y dificultades, pasarán la prueba hacia la victoria suprema y la gran transmutación.



II


La Divinidad, a través de su Shakti, está actuando detrás de todo lo que sucede en el universo, pero se encuentra velada por su Yoga Maya, y trabaja a través del ego del Jiva en su naturaleza inferior.

En el Yoga también es la Divinidad quien es el Sadhaka y la Sadhana; es su Shakti con su luz, poder, conocimiento, conciencia, Ananda, actuando sobre el adhara y -cuando éste se abre a ella- derramando estas fuerzas divinas lo que hace la Sadhana posible. Pero mientras la naturaleza inferior se encuentre activa, el esfuerzo personal del Sadhaka es necesario.

El esfuerzo personal que se necesita es un triple trabajo de aspiración, rechazo y entrega.

Una aspiración vigilante, constante, incesante- la voluntad mental, la búsqueda del corazón, el consentimiento del ser vital, la voluntad de abrir y hacer flexible la conciencia y naturaleza física.

El rechazo de los movimientos de la naturaleza inferior -rechazo de las ideas, opiniones, preferencias, hábitos y construcciones mentales, de modo que el verdadero conocimiento pueda encontrar lugar en una mente silenciosa; rechazo de los deseos de la naturaleza vital y sus demandas, anhelos, sensaciones, pasiones, egoísmos, orgullo, arrogancia, lujuria, codicia, envidia, hostilidad hacia la Verdad, de modo que el verdadero poder y gozo puedan derramarse desde arriba dentro de un ser vital calmo, amplio, fuerte y consagrado; rechazo de la estupidez de la naturaleza física, sus dudas, incredulidad, obscuridad, obstinación, mezquindad, pereza, resistencia al cambio, tamas, de modo que la verdadera estabilidad de Luz, Poder y Ananda pueda establecerse en un cuerpo que se vuelve cada vez más divino.

Consagración de uno mismo, de todo lo que uno es y todo lo que uno tiene, todos los planos de conciencia y todos nuestros movimientos a la Divinidad y la Shakti.


A medida que progresa la entrega y autoconsagración, el Sadhaka se vuelve consciente de la Shakti Divina haciendo la Sadhana, volcando en él más y más de ella, estableciendo en él la libertad y perfección de la Naturaleza Divina. Cuanto más rápidamente este proceso reemplace su propio esfuerzo, más rápido y genuino se vuelve su progreso. Pero no puede reemplazar completamente la necesidad de un esfuerzo personal hasta que la entrega y consagración sean puras y completas de punta a punta.

Hay que tomar en cuenta que una entrega tamásica que se rehúsa a cumplir las condiciones e invoca a Dios para hacer todo y eximir a la persona de todo problema y esfuerzo es un engaño y no conduce a la libertad y la perfección.



III


Para atravesar la vida armado contra todo temor, amenaza y desastre, sólo dos cosas son necesarias, dos cosas que siempre van juntas -la Gracia de la Madre Divina y por tu lado un estado interno hecho de fe, sinceridad y consagración. Haz que tu fe sea pura, inocente y perfecta. Una fe egoísta en el ser mental y vital, teñida de ambición, orgullo, vanidad, arrogancia, demandas personales, deseos por las mezquinas satisfacciones de la naturaleza inferior, es una llama pequeña y oscurecida por el humo que no puede alzarse hasta el cielo. Considera que tu vida te fue dada solamente para el trabajo divino y para ayudar en la divina manifestación. No desees más que la pureza, fuerza, luz, amplitud, calma, ananda de la conciencia divina y su insistencia en transformar y perfeccionar tu mente, vida y cuerpo. No pidas otra cosa más que la Verdad divina, espiritual y supramental, su realización en la Tierra, en tí y en todos aquellos que son llamados y elegidos, y las condiciones necesarias para su creación y su victoria sobre las fuerzas que se oponen.

Permite que tu sinceridad y entrega sean genuinas y completas. Cuando te das a tí mismo, date completamente, sin demandas, sin condición, sin reservas, de modo que todo en tí pertenezca a la Madre Divina y nada quede para ser dado al ego o a ningún otro poder.

Cuanto más completa tu fe, sinceridad, y consagración, más la gracia y protección estarán contigo. Y cuando la gracia y protección de la Madre Divina están contigo, ¿qué puede tocarte o a qué podrías temer? Incluso un poco de ello te haría atravesar todas tus dificultades, obstáculos y peligros; rodeado por su presencia completa puedes avanzar por tu camino seguro porque es el suyo, despreocupado de toda amenaza, sin ser afectado por ningún antagonismo por poderoso que sea, ya sea de este mundo o de mundos invisibles. Su toque puede transformar dificultades en oportunidades, fracasos en éxitos y debilidades en fuerza infalible. Porque la gracia de la Madre Divina es la sanción del Supremo y ahora o en el futuro su efecto es seguro, un decreto, inevitable e irresistible.


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