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  • Juan Manuel Tavella

5. Cuatro poderes de la Madre Divina / El Ser Psíquico (alma)

(Capítulo 6 -último- del libro LA MADRE, de Sri Aurobindo)






El Ser Psíquico


“El ser interno, no más grande que el pulgar de un hombre”.

Katha Upanishad



Sri Aurobindo y Madre llaman el Ser Psíquico a nuestro plano más íntimo. Se trata del Alma evolutiva, que se encuentra en contacto perpetuo con la Divinidad, en aspiración hacia la verdad, la belleza, el bien. Es la entidad eterna, la porción de la Divinidad dentro del ser humano, que reencarna vida tras vida, desarrollando una siempre creciente capacidad de ser Consciente de la Divinidad y manifestarla en la vida. Se lo puede encontrar en la zona del corazón; no en el corazón físico, sino en una dimensión interna. Este Ser Psíquico es un punto clave del Yoga Integral. Se podría decir que la primera disciplina basal de este Yoga consiste en concentrarse en ese espacio interno del corazón e invocar la Presencia de la Madre Divina ahí.


“El Ser Psíquico está en el centro cardíaco, en medio del pecho (no en el corazón físico, pues todos los centros están en el medio del cuerpo), pero profundamente detrás. Cuando uno va más allá del Vital hacia el Psíquico, se siente como si uno fuese hondo, hondo hacia abajo hasta que alcanza ese lugar central del Psíquico. La superficie del centro del corazón es el lugar donde reside el ser emocional: desde ahí uno va más profundo hasta encontrar el Ser Psíquico.”

(Sri Aurobindo - letters on Yoga )


Este Ser Psíquico se encuentra siempre ejerciendo su influencia, generalmente de forma indirecta o velada. Hay personas -o momentos en nuestra vida- en que esa influencia puede ser más palpable. La influencia de este plano nos hace experimentar un estado de paz, fe, alegría, apertura, fuerza, aspiración, amor. A diferencia de los estados de bienestar psicológicos o anímicos ordinarios, la influencia del plano psíquico muestra un bienestar que no está sujeto a lo que pasa afuera, que no depende de las circunstancias; puede incluso sentirse en las situaciones más desfavorables.


En un artículo del boletín del ashram de 1954, Madre nos dice:

“Más allá de todas las emociones, en las silenciosas y tranquilas profundidades de nuestro ser, brilla una luz constantemente, la luz de la consciencia Psíquica. Ve en busca de esta luz, concéntrate en ella; está dentro de tí. Con una voluntad perseverante, con seguridad la encontrarás, y tan pronto entras en ella, despiertas a un sentido de inmortalidad. Siempre has vivido, siempre vivirás; te vuelves completamente independiente de tu cuerpo; tu existencia consciente no depende de él; y este cuerpo es sólo una de las formas transitorias a través de las cuales te has manifestado. La muerte no es más una extinción, es sólo una transición. Todo miedo instantáneamente se esfuma y atraviesas la vida con la calma certeza de un hombre libre”.


A diferencia del Atman, del Espíritu trascendente, que no entra en el plano del tiempo y el espacio, el Ser Psíquico entra en el juego de la existencia, para poder elevar a la naturaleza de su oscuridad e inconsciencia. Por así decirlo, se olvida de sí y se identifica con la naturaleza inferior y gradualmente va despertando en nosotros. Así, vida tras vida, se expone en su viaje a experiencias y situaciones, y se desarrolla en una llama que aspira hacia la Divinidad y empieza a elevarnos hacia Ella. Es en este Ser Psíquico donde surgen y crecen la fe, la devoción, la entrega a la Divinidad. Nuestra aspiración a la belleza y la armonía reflejan la influencia de este plano Psíquico en nosotros. La tarea es entrar en contacto con él y hacerlo pasar al frente para que nos guíe y unifique nuestras partes dispersas.


“El Atman es uno en todo, no es nacido, no evoluciona ni cambia. El alma es algo que viene de la Divinidad y entra en la evolución, y como Ser Psíquico evoluciona y asume distintas personalidades de vida en vida. “


“Vivir en la consciencia del Atman es vivir en la calma, unidad y paz que está encima de las cosas y separada del mundo incluso cuando lo penetra. Pero para la consciencia psíquica hay dos cosas, el mundo y sí mismo actuando en el mundo. El Jivatman no ha descendido en el mundo, se mantiene encima, siempre igual — apoyando los diferentes seres, mental, etc. que actúan aquí. El psíquico es lo que desciende aquí — su función es ofrecer todas las cosas a la Divinidad para ser transformadas.” (Letters on Yoga)


“(nuestra entidad Psíquica) ...contiene todas las posibilidades esenciales de nuestra manifestación pero no está constituída por ellas; no está limitada por lo que manifiesta, ni contenida por las formas incompletas de la manifestación, ni manchada por las imperfecciones e impurezas, defectos y depravaciones del ser superficial. Es una llama siempre pura de la Divinidad en las cosas y nada que llegue a ella, nada que entre en nuestra experiencia puede mancillar su pureza o extinguir la llama. Esta materia espiritual es inmaculada y luminosa, y debido a que es perfectamente luminosa, es inmediata, íntima y directamente consciente de la verdad del ser y de la verdad de la naturaleza; es hondamente consciente de la verdad, del bien y la belleza porque la verdad, el bien y la belleza son afines a nuestro carácter innato, formas de algo que es inherente a su propia sustancia.” (Sri Aurobindo - The Life Divine)


En una conversación con un discípulo, la Madre dice: “El mundo o plano de consciencia psíquico es esa parte del mundo, el ser psíquico es esa parte del ser que está bajo influencia directa de la Consciencia Divina; las fuerzas hostiles no tienen ni la más remota influencia sobre ello. Es un mundo de Armonía, y todo se mueve en él de la luz hacia la luz, de progreso en progreso. Es el asiento de la Consciencia Divina, el Ser Divino en el ser individual. Es un centro de luz, verdad, conocimiento, belleza y armonía que el Ser Divino en cada uno de ustedes crea mediante su presencia, poco a poco; es influenciado, formado y movido por la Consciencia Divina de la cual es una parte y porción. Está en cada uno de ustedes el ser profundo interno que deben encontrar para poder entrar en contacto con la Divinidad en ustedes. Es el intermediario entre la Consciencia Divina y la consciencia externa; es el constructor de la vida interior, es eso lo que manifiesta en la naturaleza exterior el orden y el gobierno de la Voluntad Divina. Si te vuelves consciente en tu consciencia externa del ser psíquico dentro de tí y te unes con él, puedes encontrar la Consciencia Eterna pura y vivir en ella; en lugar de ser movido por la Ignorancia, como habitualmente sucede con el ser humano, creces en consciencia de la presencia de una luz y conocimiento eternos dentro de tí, y a ello te entregas y te consagras integralmente y eres movido por ello en todas las cosas.

Pues tu ser psíquico es esa parte de tí que ya está consagrada a la Divinidad. Es su influencia, esparciéndose gradualmente desde adentro hacia los límites más externos y materiales de tu consciencia lo que traerá la transformación de tu naturaleza entera. No puede haber oscuridad ahí; es la parte luminosa de tí. La mayoría de la gente no es consciente de esta parte psíquica dentro de ellos; el esfuerzo del Yoga es hacerte consciente de ello, para que el proceso de tu transformación, en lugar de ser una lenta labor que se extiende por siglos, pueda ser reducido a una vida, o incluso algunos años.

El ser psíquico es eso que persiste después de la muerte, porque es tu ser eterno; es eso lo que lleva la consciencia adelante de vida en vida.

El ser psíquico es la verdadera individualidad del verdadero individuo divino dentro de tí. Pues tu individualidad es tu modo especial de expresión y tu ser psíquico es un aspecto especial de la Consciencia Divina que ha tomado forma en tí. Pero en la consciencia psíquica no existe ese sentido de división entre la consciencia individual y la universal, que afecta las otras partes de tu naturaleza. Allí estás consciente de que tu individualidad es tu propia línea de expresión, pero al mismo tiempo sabes que es una expresión objetivando la única consciencia universal. Es como si hubieses tomado una porción de tí y la hubieses puesto frente a tí, y hubiese un juego mutuo de movimiento entre ambos. Esta dualidad era necesaria para poder crear y establecer la relación y disfrutarla; pero en tu ser psíquico la separación que agudiza la dualidad es vista como una ilusión, una apariencia y nada más”.




VI . (último capítulo del libro "La Madre": Los cuatro poderes de la Madre)



Los cuatro Poderes de la Madre son cuatro de sus sobresalientes personalidades, porciones y personificaciones de su divinidad a través de las que actúa en sus criaturas, ordena y armoniza sus creaciones en los mundos y dirige el trabajo de sus mil fuerzas. Porque la Madre es una, pero se nos presenta en distintos aspectos; muchos son sus poderes y personalidades, muchas sus emanaciones y Vibhutis que hacen su trabajo en el universo. Aquella que adoramos como la madre es la Energía Divina Conciente que domina toda la existencia, Única y al mismo tiempo tan múltiple en sus aspectos, que, incluso para la mente más rápida y la inteligencia más libre y vasta, es imposible seguir sus movimientos.


La Madre es la conciencia y la fuerza del Supremo, y está por encima de todo lo que crea. Pero algo de sus modalidades puede ser visto y sentido a través de sus personificaciones, y en el más asible -por ser más definido- temperamento y acción de las formas de la diosa con las que consiente a manifestarse a sus criaturas. Hay tres formas de la Madre de las que podemos tomar conciencia al unirnos a la Fuerza Consciente que sostiene al universo. Trascendente, la original Shakti suprema, ella se erige por encima de los mundos y conecta la creación con el siempre inmanifiesto misterio del Supremo. Universal, la Mahashakti cósmica, que crea a todos estos seres y contiene, penetra, sostiene y conduce todos estos innumerables procesos y fuerzas. Individual, ella encarna el poder de estas dos vastas formas de su existencia, las hace vivas y cercanas a nosotros y media entre la personalidad humana y la Naturaleza divina. La original y trascendente Shakti, la Madre, se encuentra encima de todos los mundos y lleva en su eterna conciencia a la Divinidad Suprema. Sola, ella alberga el Poder absoluto y la inefable Presencia; conteniendo o invocando las Verdades que deben ser manifestadas, ella las hace descender desde el misterio en que estaban escondidas hasta la luz de su infinita conciencia y les da una forma en su poder omnipotente y su vida ilimitada, y un cuerpo en el universo.

El Supremo se manifiesta en ella perpetuamente como el eterno SatChitAnanda, manifestado a través de ella en los mundos como la única y dual conciencia de Ishwara-Shakti y el principio dual de Purusha-Prakriti, encarnado por ella en los Mundos y los Planos y los Dioses y sus Atributos, y que se manifiesta por ella como todo lo que es en los mundos conocidos y desconocidos. Todo es su juego con el Supremo; todo es su manifestación de los misterios del eterno, los milagros del infinito.


Todo es ella, todo es un segmento y porción de la divina Conciencia-Fuerza. Nada puede existir aquí ni en ninguna parte más que lo que ella decide y el Supremo aprueba; nada puede formarse excepto lo que ella pone en movimiento por su percepción Suprema, forma después de lanzarlo como simiente en su creador Ananda. La Mahashakti, la Madre universal, obra lo que le es transmitido por su conciencia trascendente desde el Supremo y penetra en los mundos que ha creado; su presencia los llena y los sostiene con su espíritu divino y la todo-sustentadora fuerza y deleite sin lo cual no podrían existir. Aquello que llamamos Naturaleza o Prakriti es sólo su aspecto más externo; ella administra y ordena la armonía de sus fuerzas y procesos, impulsa las operaciones de la Naturaleza y se mueve entre ellas de forma secreta o manifiesta en todo lo que puede ser visto o experimentado o puesto en movimiento. Cada uno de los mundos no es otra cosa que un juego de la Mahashakti en ese sistema de mundos o universo, que está allí como el Alma Cósmica y Personalidad de la Madre trascendente. Cada uno es algo que ella ha contemplado en su visión, acogido en su corazón de belleza y fuerza, y creado en su Ananda. Pero hay muchos planos de su creación, muchos pasos de la Divina Shakti. En la cúspide de esta manifestación de la que somos parte hay mundos de existencia, conciencia, fuerza y deleite infinitos, sobre los que la Madre se erige como el eterno Poder revelado. Todos los seres allí viven y se mueven en una plenitud inefable y una inalterable unidad, porque ella los sostiene a salvo en sus brazos eternamente. Más cerca de nosotros se encuentran los mundos de perfecta creación supramental en los que la Madre es la Mahashakti supramental, un Poder de omnisciente Voluntad y conocimiento absoluto, siempre evidente en sus infalibles obras y espontáneamente perfecto en cada proceso. Allí cada movimiento es un paso de la Verdad; todos los seres son almas y poderes y cuerpos de Luz divina; todas las experiencias son un océano desbordante de un Ananda intenso y absoluto. Pero aquí habitamos los mundos de la Ignorancia, mundos de mente y vida y cuerpo separados en conciencia de su fuente, de los cuales la Tierra es un centro significativo y su evolución, un proceso crucial. Esto también, con toda su oscuridad, conflicto e imperfección, es sostenido por la Madre Universal; esto también es impulsado y guiado hacia su objetivo secreto por la Mahashakti. La Madre como Mahashakti de este triple mundo de Ignorancia se encuentra en un plano intermedio entre la Luz Supramental, la vida de la Verdad, la creación de la Verdad que debe descender aquí, y esta jerarquía ascendente y descendente de planos de conciencia que, como una doble escalera cae en la ignorancia de la Materia y vuelve a ascender a través del florecimiento de la vida y el alma y la mente en la eternidad del Espíritu.


Determinando todo lo que habrá de ser en este universo y en la evolución terrestre a través de lo que ve, siente y derrama de sí, ella se erige por encima de los Dioses y todos sus Poderes y Personalidades son puestos frente a ella para la acción, y ella envía emanaciones de ellos en estos mundos inferiores para intervenir, gobernar, dar batalla y conquistar, liderar y hacer cumplir sus ciclos, dirigir las líneas generales e individuales de sus fuerzas. Estas emanaciones son las diferentes formas divinas y personalidades a través de las cuales los seres humanos la han adorado bajo diferentes nombres a través de las eras. Pero también ella prepara y moldea a través de estos Poderes y sus emanaciones, las mentes y cuerpos de sus Vibhutis, incluso prepara y forma las mentes y cuerpos de los Vibhutis del Ishwara, para poder manifestar en el mundo físico y bajo el disfraz de la conciencia humana algún rayo de su poder, cualidad y presencia. Todas estas escenas del juego terrestre han sido como un drama arreglado, planeado y puesto en escena por ella con los Dioses cósmicos como asistentes y ella misma como actor velado. La Madre no sólo gobierna desde arriba sino que desciende en este triple universo inferior. De forma impersonal, todas las cosas aquí, incluso los movimientos de la Ignorancia, son ella misma en forma de un poder velado y sus creaciones en sustancia disminuida, su Naturaleza-cuerpo y su Naturaleza-energía, y esto existe porque, movido por el misterioso fiat del Supremo para obrar algo que estaba en las posibilidades del infinito, ella ha consentido al gran sacrificio y se ha puesto como máscara el alma y las formas de la ignorancia. Pero también de forma personal ella ha descendido aquí en la Oscuridad para poder guiar hacia la Luz, en la Falsedad y el Error para poder convertirlos en la Verdad, en esta Muerte para poder convertirla en Vida Divina, en este mundo de dolor y su obstinada pena y sufrimiento para poder hacerlo llegar al éxtasis de su sublime Ananda. En su profundo e inmenso amor por sus hijos ella ha consentido a ponerse el disfraz de la oscuridad, condescendió a soportar los ataques y las tortuosas influencias de los poderes de la Oscuridad y la Falsedad, poder atravesar los portales del nacimiento que es una muerte, y asumir los dolores, tristezas y sufrimientos de la creación, ya que aparentemente sólo de esa forma podía ser elevado a la Luz, el Gozo y la Verdad de la Vida eterna.


Este es el gran sacrificio a veces llamado el sacrificio del Purusha, pero más profundamente, el holocausto de la Prakriti, el sacrificio de la Madre Divina. Cuatro aspectos de la Madre, cuatro de sus principales Poderes y Personalidades han estado al frente en su guía de este universo y su relación con el juego terrestre. Una es su personalidad de calma amplitud y comprensiva sabiduría y tranquila bondad y compasión inagotable e incomparable majestad y grandeza todo-gobernante. Otra personifica el poder de una fuerza espléndida y una pasión irresistible, su talante guerrero, su arrolladora voluntad, su impetuosa rapidez y fuerza que hace temblar al mundo. Una tercera es vívida y dulce y maravillosa con su profundo secreto de belleza y armonía y delicado ritmo, su intrincada y sutil opulencia, su irresistible atractivo y gracia cautivante. La cuarta está equipada con su cercana y profunda capacidad de conocimiento íntimo, su cuidadoso y perfecto trabajo, y una calma y exacta perfección en todas las cosas. Sabiduría, Fuerza, Armonía, Perfección son sus diferentes atributos y son estos poderes los que traen consigo al mundo, manifestados en disfraz humano, sus Vibhutis y serán encontrados en el grado divino de su ascensión en aquellos que puedan abrir su naturaleza terrenal a la influencia viva y directa de la Madre. A los cuatro le damos los cuatro grandes nombres, Maheshwari, Mahakali, Mahalakshmi, Mahasaraswati.


La imperial Maheshwari está sentada en la amplitud que existe sobre la mente pensante y la voluntad, y las sublima y aumenta en sabiduría y extensión o torrentes con un esplendor del más allá. Pues es la poderosa y sabia Unidad que nos abre a las infinitudes supramentales y la vastedad cósmica, a la grandeza de la Luz suprema, a la mansión del tesoro de un conocimiento milagroso, al movimiento inmensurable de las fuerzas eternas de la Madre. Ella es tranquila y maravillosa, calma y grandiosa eternamente. Nada puede moverla porque toda sabiduría está en ella, nada puede ocultarse si ella desea saberlo; ella abarca a todas las cosas y todos los seres en su naturaleza y lo que les mueve, y la ley del mundo y sus tiempos y cómo todo ha sido, y es, y deberá ser. Hay una fuerza en ella que domina todo lo que encuentra y nada puede prevalecer al final contra su vasta e intangible sabiduría y su poder tranquilo y elevado. Ecuánime, paciente e inalterable en su voluntad, ella se ocupa de los hombres de acuerdo a su naturaleza y trata con las cosas y acontecimientos de acuerdo a la fuerza y la verdad que hay en ellos. No tiene ninguna parcialidad, sino que sigue los decretos del Supremo, y en esta forma, a algunos eleva y a otros los deja caer o los arroja hacia la oscuridad. Al sabio le da una sabiduría mayor y más luminosa; a quienes tienen visión les acoge en su seno; a los hostiles le impone las consecuencias de su hostilidad; al ignorante y al necio los guía de acuerdo a su ceguera. En cada persona ella responde y maneja los diferentes elementos de su naturaleza de acuerdo a su necesidad y urgencia y a la retribución que piden, les aplica la presión necesaria o los abandona a su preciada libertad para que prosperen en los caminos de la Ignorancia o perezcan. Pues ella está encima de todo, atada por nada, apegada a nada en el universo. Y aún así ella tiene más que nadie el corazón de la Madre universal. Pues su compasión es infinita e inagotable; todos son, a sus ojos, sus hijos y porciones del Uno, incluso el Asura y Rakshasa y Pisacha, y aquellos que son sublevados y hostiles. Incluso sus rechazos son sólo una postergación, y sus castigos son una gracia. Pero su compasión no ciega su sabiduría o desvía su acción del curso decretado; pues la Verdad de las cosas es su único cometido, el conocimiento su centro de poder, y construir nuestra alma y nuestra naturaleza en la Verdad divina es su misión y su labor.


Mahakali es de otra naturaleza. Su peculiar poder no es la amplitud sino la altura, no la sabiduría sino el vigor y la fuerza. Hay en ella una contundente intensidad, una poderosa pasión conquistadora, una violencia divina dispuesta a destruir todo límite y obstáculo. Toda su divinidad emerge en un esplendor de acción tempestuosa; ella está dispuesta para la velocidad, para el proceso inmediatamente efectivo, el golpe rápido y directo, la embestida frontal que arrastra con todo. Su rostro es terrible para el Asura, peligroso y despiadado su ánimo contra los enemigos de la Divinidad; pues ella es la Guerrera de los Mundos que nunca abandona la batalla. Intolerante de la imperfección, trata brutalmente todo aquello en la persona que se resiste y es severa hacia todo lo obstinadamente ignorante y oscuro; su furia es inmediata y terrible contra la traición, la falsedad y la maldad, la animadversión es herida inmediatamente por su azote. No puede soportar la indiferencia, la negligencia y la pereza para el trabajo divino, y despierta inmediatamente al durmiente y al perezoso, con dolor si es necesario. Los impulsos rápidos, directos y francos, los movimientos sin reservas y absolutos, la aspiración que se alza como una llama, son los movimientos de Mahakali. Su espíritu es indomable, su visión y voluntad son elevadas y de largo alcance, como el vuelo del águila, sus pies son veloces en el camino ascendente, y sus manos se extienden para golpear y socorrer. Porque ella también es la Madre y su amor es tan intenso como su ira, y tiene una bondad profunda y apasionada. Cuando se le permite intervenir con su fuerza, entonces los obstáculos que inmovilizan, o los enemigos del buscador, son destruidos inmediatamente, como si fuesen cosas inconsistentes. Si su cólera es atemorizante para el hostil y la vehemencia de su presión es dolorosa para el débil y el tímido, es sin embargo amada y venerada por aquellos que son grandes, fuertes y nobles; pues ellos sienten que sus golpes derrotan lo que es rebelde en su naturaleza para llevarlos a la fortaleza y la verdad perfecta, martillan lo que es torcido y perverso, y expelen lo impuro o defectuoso.

Lo que ella hace en un día podría haber tomado siglos; sin ella, el Ananda podría ser amplio y grave o suave, dulce y bello, pero perdería el encendido gozo en sus intensidades más absolutas. Al conocimiento le da un poderío conquistador, otorga a la armonía y belleza un movimiento de ascenso y elevación, e imparte al lento y difícil trabajo por la perfección un ímpetu que multiplica el poder y acorta el camino. Nada que sea menos que los éxtasis supremos puede satisfacerla; nada que no sea las más elevadas alturas, los objetivos más nobles, as perspectivas más amplias. Por esto la fuerza victoriosa de la Divinidad está con ella y es por la gracia de su fuego, pasión y velocidad que el gran logro puede conseguirse ahora y no más tarde.


La Sabiduría y la Fuerza no son las únicas manifestaciones de la Madre suprema; hay un misterio más sutil de su naturaleza y sin él, la Sabiduría y Fuerza serían cosas incompletas y la perfección no sería perfecta. Por encima de ello se encuentra el milagro de la belleza eterna, un inasible secreto de armonías divinas, la magia de un encanto universal irresistible y una atracción que atrae y mantiene unidas las cosas, las fuerzas y los seres, y les obliga a encontrarse y unirse, de modo que un Ananda pueda jugar detrás del velo convirtiendoles en sus ritmos y figuras. Este es el poder de Mahalakshmi y no hay otro aspecto de la Shakti divina más atractivo al corazón de los seres encarnados. Maheshwari puede parecer demasiado calma, grandiosa y distante para que pequeñez de la naturaleza terrestre se le aproxime o la contenga, Mahakali es demasiado veloz y formidable para que la debilidad de los hombres la soporte; pero todos se vuelven con alegría y anhelo hacia Mahalakshmi. Pues ella arroja el hechizo de la dulzura intoxicante de la Divinidad: estar cerca de ella es una felicidad profunda y sentirla dentro del corazón es hacer de la existencia un éxtasis y una maravilla; la gracia, el encanto y la dulzura emanan de ella como la luz del sol y donde sea que ella pose su maravillosa mirada o la gracia de su sonrisa, el alma es embargada, cautivada y sumergida en las profundidades de una bienaventuranza insondable.


El toque de sus manos es magnético y su oculta y delicada influencia refina la mente, la vida y el cuerpo, y allí donde ella apoya sus pies surgen milagrosas corrientes de un fascinante Ananda. Aún así, no es fácil satisfacer la demanda de este encantador Poder y mantener su presencia. Armonía y belleza en cada acción y movimiento, armonía y belleza en la vida y su entorno, armonía y belleza en los pensamientos y sentimientos, esto es lo que exige Mahalakshmi. Allí donde hay afinidad con los ritmos de la bienaventuranza secreta y respuesta a la llamada de la belleza, concordia y unidad supremas, y el alegre flujo de las muchas vidas vueltas hacia la Divinidad, en esa atmósfera ella consiente en permanecer. Pero todo lo que es feo, inferior y grosero, todo lo que es miserable, sórdido y vil, todo lo que es brutal y tosco repele su advenimiento. Allí donde el amor y la belleza no habitan o son renuentes a surgir, ella no aparece; donde se encuentran mezclados y desfigurados por cosas inferiores, ella rápidamente se aleja o no se ocupa de derramar sus riquezas. Si encuentra en el corazón de las personas egoísmo, odio, celos, envidia y contienda, si la traición, la codicia y la ingratitud se mezclan en el cáliz sagrado, si pasiones groseras y deseos poco refinados degradan la devoción, en tales corazones la graciosa y bella diosa no se detiene. Se apodera de ella un disgusto divino y se retira, pues ella no insiste ni lucha; o, velando su rostro, espera que la amarga y venenosa influencia adversa sea rechazada y desaparezca antes de volver a dar su gozosa influencia. El áspero y seco ascetismo no le complace, ni tampoco la supresión de la emoción profunda del corazón o la rígida represión de los aspectos bellos del alma y la vida. Porque es a través del amor y la belleza que ella ata al hombre a la Divinidad. La vida en sus supremas creaciones es convertida en un rico trabajo de arte celestial y toda la existencia se vuelve un poema de sagrado deleite; las riquezas del mundo son reunidas para un orden supremo e incluso las cosas más sencillas y comunes se vuelven maravillosas por su intuición de unidad y el aliento de su espíritu. Si es admitida en el corazón, ella eleva la sabiduría a pináculos asombrosos y le revela los secretos místicos del éxtasis que sobrepasa todo conocimiento, une la devoción con la atracción apasionada de la Divinidad, y a la fuerza y la pujanza les enseña el ritmo que mantiene el poder de sus acciones en armonía y compás, y perfecciona el encanto que les hace perdurar para siempre.


Mahasaraswati es el Poder de Trabajo de la Madre y su espíritu de perfección y orden. La más joven de las cuatro, ella es la más hábil en su facultad ejecutiva y la más cercana a la Naturaleza física. Maheshwari proyecta las líneas generales de las fuerzas del mundo, Mahakali dirige su energía y sus ímpetus, Mahalakshmi descubre sus ritmos y medidas, pero Mahasaraswati gobierna los detalles de la organización y ejecución, la relación de las partes y la combinación efectiva de fuerzas y la infalible exactitud de la realización. La ciencia, la artesanía y la técnica de las cosas pertenecen a la jurisdicción de Mahasaraswati. Ella sostiene siempre en su naturaleza y puede dar a aquello que elige, el conocimiento íntimo y preciso, la sutileza y paciencia, la exactitud de la mente intuitiva, y la mano consciente y el ojo perspicaz del trabajador perfecto. Este Poder es el fuerte, incansable, cuidadoso y eficiente constructor, organizador, administrador, técnico, artesano y clasificador de los mundos. Cuando emprende la tarea de transformar y reconstruir la naturaleza, su acción es laboriosa y minuciosa, y a menudo se aparece a nuestra impaciencia como lenta e interminable, pero es persistente, integral y perfecta. Pues su voluntad en el trabajo es escrupulosa, vigilante, infatigable. Al volcarse sobre nosotros ella advierte y toca cada pequeño detalle, encuentra cada mínimo defecto, brecha, sesgo o incompletud, considera y sopesa cuidadosamente todo lo que fue hecho y todo lo que queda por hacer. Nada es demasiado pequeño o trivial para su atención; nada, por impalpable, oculto o latente que sea puede escapársele. Modelando y remodelando, ella trabaja sobre cada parte hasta que obtenga su verdadera forma, sea puesta en su lugar exacto dentro del todo y cumpla con su propósito preciso. En su constante y diligente arreglo y reajuste de las cosas su ojo está en todas las necesidades a la vez y en cómo resolverlas, y su intuición sabe qué es lo que debe ser elegido o descartado y determina exitosamente el instrumento adecuado, el tiempo preciso, y, las condiciones y los procesos correctos. Aborrece el descuido, la negligencia y la indolencia; todo trabajo torpe, defectuoso o apresurado, toda tosquedad, inconsistencia y falla, todo mal uso de los instrumentos y facultades, toda labor dejada a medias o sin hacer, es ajeno a su temperamento. Cuando su trabajo está terminado, nada se ha olvidado, ninguna parte ha sido descuidada u omitida o dejada en una condición defectuosa; todo es sólido, exacto, completo, digno de admiración. Nada que no sea perfecto le satisface y está preparada para llevar a cabo un trabajo eterno si es necesario para la realización de su creación. Por eso, de todos los poderes de la Madre, ella es el que más con el ser humano y sus mil imperfecciones. Amable, sonriente, cercana y dispuesta, difícilmente se desalienta y se retira, sino que insiste incluso tras repetidos fracasos, su mano sostiene cada uno de nuestros pasos con la condición de que seamos francos y sinceros, y sólidos en nuestra voluntad; pues no tolera la ambigüedad y los dobleces, y su ironía es despiadada con el drama y el histrionismo, la simulación y el autoengaño. Una madre para nuestras necesidades, una amiga en nuestras dificultades, una persistente y tranquila consejera y mentora, aleja con su radiante sonrisa las nubles de la tristeza, el enfado y la depresión, recordándonos su siempre presente ayuda, señalando el eterno brillo del sol, es resuelta, tranquila y perseverante en el impulso continuo que nos empuja hacia la integralidad de la naturaleza superior. La obra de los otros Poderes se apoya en ella para completarse; pues ella asegura el fundamento material, elabora todas las cosas al detalle y construye y asegura la estructura. Hay otras grandes Personalidades de la Madre Divina, pero es más difícil hacerlas descender y no ha resaltado tanto su participación en la evolución de la tierra. Hay entre ellas Presencias indispensables para la realización supramental, — especialmente una que es su Personificación de ese misterioso y poderoso éxtasis y Ananda que brota del supremo Amor divino, el Ananda que puede sanar la brecha entre las mayores alturas del espíritu supramental y los abismos más bajos de la Materia, el Ananda que tiene la llave de la Vida divina, e incluso ahora sostiene secretamente todos los otros Poderes del universo. Pero la naturaleza humana limitada, egoísta y oscura no es apta para recibir estas grandes Presencias o soportar su poderosa acción. Sólo cuando los Cuatro hayan establecido su armonía y libertad de movimiento en la mente, la vida y el cuerpo transformados, podrán esos otros raros Poderes manifestarse en el movimiento terrestre y la acción supramental se volverá posible. Ya que cuando todas sus Personalidades están reunidas en ella y sus respectivos trabajos se convierten en una unidad, entonces la Madre se revela como la supramental Mahashakti e irradia sus luminosas trascendencias por el inefable éter. Entonces la naturaleza humana puede transformarse en dinámica naturaleza divina porque todas las cuerdas fundamentales de la Verdad-conciencia y Verdad-fuerza supramental son puestas juntas y el arpa de la vida es acorde a los ritmos del Eterno.


Si deseas esta transformación, ponte en las manos de la madre y sus Poderes sin reparo ni resistencia y déjale hacer su trabajo en tí sin obstrucciones. Tres cosas debes tener: conciencia, plasticidad y entrega incondicional. Pues debes ser consciente en tu mente, alma, corazón y vida y en las mismas células de tu cuerpo, de la madre y sus Poderes trabajando; ya que, aunque ella puede y hace su trabajo en tí aún en tu oscuridad y tus partes inconscientes, no es lo mismo que cuando te encuentras en viva y despierta comunión con ella. Toda tu naturaleza debe ser plástica a su toque, —sin las preguntas, dudas y disputas que suelen provocar las mentes ignorantes, y que se convierten en enemigos de la iluminación y el cambio; sin insistir en sus movimientos independientes tal como el plano vital en el hombre insiste y opone persistentemente sus deseos y animadversión contra la influencia divina; sin obstruir y atrincherarse en la incapacidad, la inercia y el tamas, tal como la conciencia física del hombre obstruye y adhiere a sus pequeños placeres, quejándose oscuramente ante cada contacto que perturba su rutina mecánica y su pereza y adormecimiento. La entrega absoluta de tu ser interno y externo traerá esta plasticidad en todas las partes de tu naturaleza; la conciencia despertará en todas tus partes por una constante apertura a la Sabiduría y Luz, Fuerza, Armonía, Belleza y Perfección que llega derramándose desde arriba. Incluso el cuerpo despertará y unirá finalmente su conciencia a la Fuerza supramental supraconsciente, percibirá a sus poderes permeando desde arriba y abajo y alrededor y un estremecimiento de Amor y Ananda supremos. Pero mantente alerta de no intentar comprender y juzgar a la Madre Divina de acuerdo a tu pequeña mente terrestre que desea dominar incluso las cosas que están más allá de sus normas y estándares, sus estrechos razonamientos y vagas impresiones, su agresiva ignorancia sin fondo y su mezquino conocimiento seguro de sí mismo. La mente humana encerrada en la prisión de sus penumbras no puede seguir la polifacética libertad de los pasos de la Shakti Divina. La rapidez y complejidad de su visión y acción exceden la comprensión trastabillante de la mente, que es incapaz de medir las dimensiones de su movimiento. La mente, desconcertada por la rápida alternancia de sus diferentes personalidades, su creación y ruptura de ritmos, la aceleración y retardo de su velocidad, sus diversa maneras de enfrentar el problema de uno u otro, su modo de tomar y dejar esta línea, separar y luego unir, no podrá reconocer la forma en que el Supremo Poder rodea y desliza hacia arriba desde el laberinto de la Ignorancia hacia la Luz celestial. Mejor, abre tu alma y conténtate con sentirla con tu naturaleza psíquica y verla con la visión psíquica, que es la única que puede dar una respuesta directa a la Verdad. Entonces la Madre misma iluminará con sus elementos psíquicos tu mente, corazón y vida y conciencia física, y les revelará sus maneras y su naturaleza. Evita también el error de la mente ignorante de exigir al Supremo que actúe siempre de acuerdo con sus toscas nociones superficiales de lo que es la omnisciencia y omnipotencia. Pues nuestra mente clama por ser impresionada a cada momento por un poder milagroso, un éxito fácil y esplendor deslumbrante; de lo contrario se resiste a creer que ahí se encuentra la Divinidad. La Madre se enfrenta con la Ignorancia en el ámbito de la Ignorancia; por esto ella ha descendido. Ella vela parcialmente, y parcialmente revela su conocimiento y su poder, a menudo adapta sus instrumentos y personalidades a los requerimientos de la mente que busca, a la modalidad del ser psíquico que aspira, a la naturaleza vital que lucha, a la forma de la naturaleza física prisionera y doliente.

Hay condiciones que han sido puestas por la Voluntad Suprema, hay muchos nudos enmarañados que deben ser aflojados y no pueden ser abruptamente cortados. El Asura y el Rakshasa sujetan esta naturaleza terrestre en evolución y deben ser enfrentados y conquistados en sus propios términos, en su propio territorio conquistado; lo humano en nosotros debe ser guiado y preparado para trascender sus límites, y es demasiado débil y oscuro para ser elevado repentinamente a una forma muy distante. La Conciencia y Fuerza Divina están ahí y hacen a cada momento lo que se necesita en las condiciones presentes, dan el paso decretado y moldean en medio de esta imperfección la perfección que está por venir. Pero sólo cuando el supramental ha descendido en ti ella puede actuar directamente como la Shakti supramental con naturalezas supramentales. Si sigues tu mente, no podrá reconocer a la Madre aun si se manifiesta ante ti.Sigue a tu alma y no a tu mente, tu alma que responde a la verdad, no tu mente que se pierde en apariencias; confía en el Poder Divino y éste liberará los elementos divinos en tu y los modelará en una expresión de naturaleza Divina. El cambio supramental es algo decretado e inevitable en la evolución terrestre; pues su ascenso no ha terminado y la mente no es su última cumbre. Pero para que el cambio tenga lugar, tome forma y permanezca, es necesaria la invocación desde abajo con la voluntad de reconocer y no negar la Luz cuando viene, y se necesita la sanción del Supremo desde arriba. El poder que media entre la sanción y la invocación es la presencia y el poder de la Madre Divina. Solamente el poder de la Madre, y no algún empeño humano o tapasya, es lo que puede rasgar la tapa y descubrir el velo, formar el recipiente y hacer descender dentro de este mundo de oscuridad y falsedad, muerte y sufrimiento, la Luz y la Vida divina, y el inmortal Ananda.




PALABRAS DE LA MADRE


Por eso es que ningún esfuerzo es demasiado arduo, ninguna austeridad demasiado rigurosa si puede iluminar, purificar, perfeccionar y transformar la sustancia física de modo que ya no encubra la Divinidad cuando toma una forma externa en la Materia. Pues entonces esta maravillosa sensibilidad podrá expresarse libremente en el mundo, el amor divino que tiene el poder de transformar la vida en un paraíso de dulce alegría. Esto, dirás, es la culminación, la coronación del esfuerzo, la victoria final; pero ¿qué debe hacerse para lograrlo? ¿Cual es el camino a seguir, y cuales son los primeros pasos en él? Ya que hemos decidido reservar el amor en todo su esplendor para nuestra relación personal con la Divinidad, deberíamos reemplazarlo en todas nuestras relaciones con los demás por una total, permanente, inegoísta y constante bondad y buena voluntad que no espera ninguna recompensa o gratitud, ni siquiera reconocimiento. Como sea que los demás te traten, nunca te permitas dejarte llevar por ningún resentimiento; y en tu amor sin mezcla por la Divinidad, le dejarás a él juzgar cómo va a protegerte y defenderte de los malos entendidos y la mala voluntad de los demás. Esperarás tus alegrías y placeres de la Divinidad solamente. En Él solamente buscarás ayuda y soporte. Él te confortará en todas tus penas, te guiará en el camino, te levantará si tropiezas, y si hubiese momentos de pérdida o agotamiento, Él te tomará en sus fuertes brazos de amor y te envolverá en su tranquilizadora dulzura.


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No importa cuán grandes sean tu fe y tu confianza en la Gracia Divina, no importa cuán grande sea tu capacidad de verla actuar en toda circunstancia, a cada momento, en cada punto de la vida, nunca podrás entender la maravillosa inmensidad de su acción, y la precisión, la exactitud con la que se cumple esta acción; nunca serás capaz de captar en qué medida la Gracia hace todo, está detrás de todo, organiza todo, conduce todo, de modo que la marcha hacia la realización divina pueda ser tan rápida, completa, total y armoniosa como sea posible, considerando las circunstancias del mundo.

Tan pronto estás en contacto con Ella, no hay un segundo de tiempo, ni un punto en el espacio, que no te muestre deslumbrantemente este perpetuo trabajo de la Gracia, esta constante intervención de la Gracia.

Y una vez que has visto esto, sientes que nunca eres igual a ello, pues nunca deberías olvidarlo, nunca tener ningún miedo, ninguna angustia, ni remordimiento ni retroceso… ni siquiera sufrimiento. Si uno estuviese en unión con esta Gracia, si uno la viese en todos lados, uno empezaría a vivir una vida exultante, de poder total, de infinita felicidad. Y eso sería la mejor colaboración posible con el Trabajo Divino.



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