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  • Juan Manuel Tavella

4. La Madre (segunda parte)


"Una Dicha se oculta en la raíz de las cosas. 

Un Deleite mudo contempla 

las innumerables Obras del Tiempo: 

para albergar la alegría de Dios en las cosas,

se dilató el espacio, 

para anclar la alegría de Dios en nosotros 

nuestras almas nacieron". 


Sri Aurobindo (Savitri)



Dificultades


“Dónde veas un final grandioso, está seguro de que hay un gran principio. Donde una destrucción monstruosa y dolorosa aterra a la mente, consuela la mente con la certeza de una creación amplia y grande. Dios no sólo está en la voz pequeña y calmada, también está en el fuego y en el torbellino.

“Cuanto más grande la destrucción, más libres las oportunidades de creación; pero la destrucción es a menudo larga, lenta y opresiva, la creación tarda en su aparición o es interrumpida en su triunfo. La noche vuelve de nuevo una y otra vez y el día  se demora o parece incluso haber sido un falso amanecer. Pero no hay que desesperarse sino estar vigilante y trabajar. Aquellos que esperan con desespero, se desaniman rápidamente: ni esperar ni temer, sino estar seguro del propósito divino y de tu voluntad de realizarlo.

“La mano del divino Artista trabaja a menudo como si no estuviera seguro de su genio y de su material. Parece que llega, prueba y luego lo deja, lo coge y lo tira y lo vuelve a coger, trabaja, falla y le salen chapuzas y vuelve a juntar todas las piezas. Sorpresas y decepciones son cosas que pasan en el transcurso del trabajo hasta que todas las cosas están listas. Lo que uno escogió, lo aparta en el abismo de la reprobación; lo que se rechazó, se convierte en la piedra angular de un poderoso edificio. Pero detrás de todo esto está el ojo seguro de un conocimiento que sobrepasa nuestra razón y la suave sonrisa de una habilidad infinita.

“Dios tiene todo el tiempo ante él y no necesita estar siempre con prisas. Está seguro de su objetivo y de su éxito y no le importa si su trabajo se rompe cien veces para poder llevarlo casi hasta la perfección. La paciencia es nuestra primer gran lección, pero no la torpe lentitud del tímido, del escéptico, de los que se rinden, de los perezosos, de los que no tienen ambición o de los cobardes; una paciencia llena de calma y que reúne la fuerza que está vigilante y que se prepara para la hora de las grandes y rápidas pinceladas, pocas pero suficientes para cambiar el destino.

“¿Por qué Dios golpea con tanta intensidad a su mundo, lo pisotea y amasa como a una masa de pan, lo arroja a menudo a un baño de sangre y al horno incandescente? Porque la humanidad en la masa es todavía dura, vil y cruel mineral que de otra forma no podría ser fundida ni se le podría dar forma; igual que su material, así es su método. Ayudemos a que se transmute él mismo en un metal más puro y más noble, que sus caminos se vuelvan más suaves y dulces, más nobles y más justos.

“¿Por qué, él seleccionó o creó dicho material, cuando tenía todas las infinitas posibilidades dónde escoger? Porque antes había visto en su Idea no sólo la belleza y la dulzura y la pureza, sino también la fuerza y la voluntad y la grandeza. No desprecies la fuerza, no la odies por la fealdad de algunos de sus aspectos, ni pienses que sólo el amor es Dios. Toda perfección perfecta debe tener algo en ella de la materia del héroe e incluso de la del Titán. Pero la fuerza más grande nace de la más grande dificultad.” 


Sri Aurobindo




Del Libro "LA MADRE", de Sri Aurobindo, los capítulos 4 y 5:


IV


El dinero es el signo invisible de una fuerza universal, y esta fuerza en su manifestación terrestre trabaja en los planos vital y físico, y es indispensable para la plenitud de la vida. En sus orígenes y su verdadera acción pertenece a la Divinidad. Pero al igual que otros poderes Divinos es disputado aquí, y en la ignorancia de la Naturaleza inferior puede ser usurpado para uso del ego o retenido por las influencias Asúricas para ser pervertido en su propósito. Esta es, de hecho, una de las tres fuerzas -poder, riqueza, sexo- que más atraen al ego del hombre y el Asura, y que más frecuentemente son confundidas y malversadas por aquellos que las retienen. Los buscadores o poseedores de la riqueza son más frecuentemente poseídos por ella más que poseedores; pocos escapan completamente a cierta tergiversación estampada en ella tras un largo dominio y perversión por parte del Asura.

Por esta razón la mayoría de las disciplinas espirituales insisten en un completo autocontrol, desapego y renunciación de toda atadura a la riqueza y a todo deseo personal y egoísta por poseerla. Algunas incluso prohíben el dinero y la riqueza y ponderan la pobreza y la desnudez como la única condición espiritual posible. Pero esto es un error; deja el poder en manos de las fuerzas hostiles. Reconquistar esta fuerza para la Divinidad a la que pertenece y usarla divinamente para la vida divina es el camino supramental para el Sadhaka. No debes esconderte ascéticamente del poder del dinero, los medios y bienes que brinda, ni tampoco guardar un apego rajásico hacia ello ni esclavizarte indulgentemente a sus gratificaciones.

Considera la riqueza simplemente como un poder que debe ser reconquistado para la Madre y puesto a su servicio. Toda riqueza pertenece a la Divinidad y aquellos que la tienen son sus administradores, no sus posesores. Puede estar con ellos hoy, y mañana estar en otra parte. Todo depende de la manera en la que se desprenden de ella, con qué espíritu, qué conciencia ponen en su uso, para qué propósito.

En tu uso personal del dinero, considera todo lo que tienes o recibes como perteneciente a la Madre. No hagas reclamos, sólo acepta lo que recibes de ella y úsalo para el propósito para el que te fue dado. Se totalmente desinteresado, completamente escrupuloso, exacto, cuidadoso en detalle, un buen administrador; siempre considera que lo que estás manejando es su posesión y no la tuya. Por otra parte, lo que recibes para ella, ponlo piadosamente ante ella; no te guardes nada para tu propósito personal ni el de nadie más. No admires a las personas por sus riquezas ni te dejes impresionar por la apariencia, el poder o la influencia social. Cuando pides para la Madre, debes sentir que es ella quien pide a través de ti una pequeña parte de lo que le pertenece, y que la persona a quien le pides será juzgado por su respuesta. Si estás libre de perversión por el dinero pero no lo rechazas ascéticamente, tendrás un mayor poder para administrar esa fuerza para el trabajo divino.

Ecuanimidad, ausencia de reclamos y la dedicación completa de todo lo que posees a la Shakti Divina y su trabajo son signos de esta libertad. Toda perturbación respecto al dinero y su uso, cualquier pretensión o avaricia, es síntoma seguro de que hay una imperfección o atadura. El Sadhaka ideal, en este sentido, es aquel que, si debe vivir en la pobreza puede hacerlo sin que ninguna sensación de necesidad lo afecte o perturbe interiormente el despliegue completo de la conciencia divina; y si se requiere de él que viva con abundancia, puede hacerlo sin caer nunca en el deseo o apego por esta riqueza o sus bienes, ni caerá en la indulgencia o la atadura a los hábitos que la riqueza crea. La Voluntad divina y el divino Ananda son todo para él. En la creación supramental, la fuerza del dinero debe ser devuelta al Poder Divino y usada para el aprovisionamiento genuino, bello y armónico de una existencia vital y física nueva y divinizada, de cualquier forma en que la Madre Divina misma elija en su visión creativa. Pero primero debe ser reconquistada para ella, y para esta tarea serán más fuertes aquellos que son en su naturaleza sólidos y vastos, libres de ego y entregados sin reservas ni vacilación, canales puros y fuertes del Poder Supremo.






V


Si quieres dedicarte verdaderamente al trabajo divino, tu primer objetivo debe ser estar completamente libre de todo deseo y preocupación egoica. Toda tu vida debe ser una ofrenda y un sacrificio al Supremo; tu único propósito en la acción debe ser servir, recibir, realizar, volverte un instrumento de la manifestación de la Shakti Divina en sus obras. Debes crecer en la conciencia divina hasta que no haya diferencia entre tu voluntad y la suya, ninguna motivación más que su impulso en nosotros, ninguna acción que no sea su acción consciente en ti y a través de ti. Hasta que seas capaz de esta completa identificación dinámica, debes considerarte un alma y un cuerpo creado para su servicio, alguien que hace todo por su bien. Incluso si la idea de ser un trabajador separado es fuerte en ti y sientes que eres tú quien hace las cosas, aún así debe ser hecho para ella. Toda insistencia en tomar decisiones egoístas, todo anhelo por beneficios personales, toda estipulación de deseo individual debe ser extirpado de la naturaleza. No debe haber exigencia por el fruto de la acción ni persecución de recompensas; el único fruto para ti es el placer de la Divina Madre y la realización de su trabajo, tu única recompensa un constante progreso en la conciencia, la calma, la fuerza y la beatitud divinas. La alegría del servicio y el gozo del crecimiento interno a través de los trabajos es recompensa suficiente para el trabajador desinteresado. Pero llegará un tiempo en el que sentirás más y más que eres el instrumento y no el trabajador. Porque primero por la fuerza de tu devoción tu contacto con la Madre Divina se volverá tan íntimo que por momentos sólo necesitarás concentrarte y poner todo en sus manos para obtener su guía, su orden o impulso directo, la indicación segura de lo que debe ser hecho, la manera de hacerlo, y el resultado. Más adelante verás que la divina Shakti no sólo inspira y guía, sino que inicia y lleva adelante tus trabajos; todos tus movimientos son originados por ella, todos tus poderes son suyos, la mente, la vida y el cuerpo son instrumentos conscientes y gozosos de su acción, medios para su juego, moldes para su manifestación en el universo físico. No puede haber condición más feliz que esta unión y dependencia; pues este paso te lleva de regreso desde una vida de esfuerzo y sufrimiento en la ignorancia hasta la verdad de tu ser espiritual, en su profunda paz e intenso Ananda.

Mientras esta transformación tiene lugar es más necesario que nunca que te encuentres libre de todas las manchas perversas del ego. No permitas que ninguna demanda o insistencia se deslicen y manchen la pureza de la consagración y el sacrificio. No debe haber apego al trabajo o sus resultados, no deben ponerse condiciones, no se debe pretender poseer el Poder que debe poseerte a tí, ni debe haber orgullo de ser el instrumento, ni vanidad o arrogancia. Nada en la mente o en el plano vital o físico debe distorsionar para su propio uso o aprovechar para su satisfacción personal la grandeza de las fuerzas que actúan a través de ti. Permite que tu fe, tu sinceridad, la pureza de tu aspiración sean absolutas y penetrantes en todos los planos y capas del ser; entonces todo elemento perturbador y toda influencia distorsionadora abandonaran tu naturaleza.

La última etapa de esta perfección vendrá cuando estés completamente identificado con la Madre Divina y te sientas ya no un ser separado, un instrumento, sirviente o trabajador sino un verdadero hijo y eterna porción de su conciencia y su fuerza. Ella estará siempre en tú y tú en ella; será tu experiencia constante, simple y natural que todo tu pensamiento, mirada, acción, tu mismísima respiración o movimiento vienen de ella y son de ella. Sabrás, verás y sentirás que eres una persona y un poder formado por ella y de ella, manifestado para su juego y al mismo tiempo siempre a salvo en ella, ser de su ser, conciencia de su consciencia, fuerza de su fuerza, Ananda de su Ananda. Cuando esta condición es completa y sus energías supramentales pueden moverse libremente en ti, entonces serás perfecto en el trabajo divino, conocimiento, voluntad; la acción se volverá segura, simple, luminosa, espontánea, una emanación del Supremo, un movimiento divino del Eterno.




PALABRAS DE MADRE

"No cuentes con la apreciación humana –porque los seres humanos no saben sobre qué basarse para apreciar algo, y, más aún, cuando algo es superior a ellos, no les gusta".

Discípulo: -Pero ¿dónde encontrar una fuerza tal?

"En ti. La Presencia divina está en ti. Ella está en ti. Tú la buscas en el exterior; busca dentro de ti. La presencia está allí. Tú deseas la apreciación de los otros para encontrar la fuerza –no la encontrarás jamás. La fuerza está en ti. Si tú quieres, puedes aspirar hacia lo que parece el fin supremo, la luz suprema, el conocimiento supremo, el amor supremo. Pero eso está en ti –pues si no lo estuviera, no podrías jamás entrar en contacto con ello. Si vas suficientemente profundo dentro de ti, la encontrarás allí, como una llama que arde siempre permanentemente, sin vacilar.

Y no creas que eso sea tan difícil de hacer. No sientes la presencia porque tu mirada se dirige todavía al exterior. Pero, si en lugar de buscar apoyo en el exterior, te concentras y ruegas –dentro de ti, hacia el conocimiento supremo– con el fin de saber en cada instante lo que es preciso hacer y la manera de hacerlo, y si ofreces todo lo que tú eres, todo lo que haces para llegar a la perfección, sentirás que el apoyo está allí, guiándote siempre, mostrándote siempre el camino. Y si hay una dificultad, en lugar de querer combatirla, la entregas, la entregas a la sabiduría suprema para que ella se ocupe –que se ocupe de todas las malas voluntades, de todas las incomprensiones, de todas las malas reacciones. Si tu te sometes enteramente, eso deja de ser asunto tuyo: es el asunto del Supremo, quien se hace cargo y sabe mejor que nadie lo que es necesario hacer. Ésa es la única salida, la única salida. "

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